sábado, 6 de diciembre de 2014

Las moscas del acantilado.

La biología está llena de ideas desalentadoras y difíciles de asumir, pero también da techo a algunas que parecen sacadas de un máster de coaching.

Para un médico, una mutación (un pequeño cambio en un gen) es una maldición, un problema. En cambio, para un biólogo es una oportunidad. Un gen es un pedazo de información, información para crear un brazo, un diente, o un circuito neuronal. Por esto, un cambio en esa información conlleva un producto diferente: un brazo más largo o más corto, un diente en una posición extraña, o un circuito neuronal que crea un comportamiento excéntrico. 

Se podría pensar que un brazo más corto o demasiado largo representa un problema. Sin embargo, todo depende del ambiente en el que viva el individuo. Si una mosca tiene mutado el gen que produce las alas... adiós alas! Uff! Muy bueno tiene que ser el ambiente para que esta mosca pueda vivir y dejar descendencia, no? Pues nada más y nada menos que los acantilados. Oh sí, nena!

En los acantilados, tener alas es un auténtico suplicio. Son como una sombrilla en un día de playa venteado, entorpecen el vuelo de la mosca y acaban estampándose con la roca. Mientras tanto, los insectos "minusválidos" surcan los vientos, saltan de piedra en piedra y consiguen llegar a donde quieren. Y seguro que no tener alas ayuda con el kamasutra díptero. (uno no salta al vacío si no hay algo bueno esperando).

Todas las especies que existen, existirán y han existido en este planeta son mutantes de LUCA (Last Unknown Common Antecessor/Último ancestro común conocido/Jordi Hurtado). LUCA era algo similar a una bacteria a medio hacer. Y aquí estamos, señores: mutados y minusválidos.


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